sábado, 7 de julio de 2012

¿Aceptar la imposición?

¿Por qué hemos de aceptar la imposición?
Escrito por Epigmenio Ibarra (comentarios en cursiva por JAC)

Muy caro pagó el país haber aceptado que, luego de unas elecciones viciadas de origen, llegara al poder Felipe Calderón Hinojosa.

Rasgaron entonces sus vestiduras los medios, las buenas conciencias, los poderes fácticos. Quienes resistimos fuimos tachados, como hoy, de necios, de resentidos, de revoltosos.

Al final, “haiga sido como haiga sido”, se instaló en el poder un hombre que no fue elegido por la mayoría de los ciudadanos. Al final, la democracia mexicana sufrió un golpe casi mortal. Sólo la tenacidad de Andrés Manuel López Obrador la mantuvo con vida al conducir la resistencia dentro de los límites de la legalidad institucional.

Como Cuauhtémoc Cárdenas, en el 88, López Obrador no cayó en la tentación de promover la insurrección. Puso al país y a la paz por encima de sus intereses personales y partidarios. Fue, paradójicamente, el que lo tachaba de ser “un peligro para México”; Felipe Calderón el que ensangrentó a México. Para legitimarse lanzó al país a una guerra insensata contra un enemigo que, hoy, está más fuerte que nunca.

¿Vamos a permitir que suceda otra vez?

¿Cuál será el costo que deberemos pagar los mexicanos si llega al poder, pese a todas las irregularidades en el proceso electoral, Enrique Peña Nieto?

¿Por qué —me pregunto— debemos aceptar la imposición?

Aunque Peña Nieto lo niegue "categóricamente" y los medios nacionales, salvo honrosas excepciones, lo callen, lo cierto —y sobran las evidencias— es que el PRI realizó una gigantesca operación de compra de votos.

Luego de excederse en los límites legales de gasto de campaña el PRI y Peña Nieto consideraron que al bombardeo propagandístico había que reforzarlo comprando los votos de centenares de miles, quizá de millones de mexicanos.

Échenle lápiz: DOS MIL 300 millones contratados por 11 gobiernos estatales priísitas en Soriana a digamos mil pesos por voto ¿no?

Fue tan grande la operación que no pudieron borrar sus huellas. Huellas que la autoridad se niega a seguir, pese a que, quizá, se configuren ahí otra serie de delitos (lavado de dinero, asociación delictuosa) pero que los ciudadanos no perdemos de vista.

Nunca antes tantos millones habían observado, como lo hicieron hoy, articulando sus esfuerzos a través de las redes sociales, una elección. Nunca antes se habían acumulado tal cantidad de videos, testimonios, fotografías que documentan la compra del voto. Nunca habían circulado tan profusamente dichas evidencias y jamás habían sido conocidas por tantos millones de personas.

De las redes esta información ha saltado a las páginas de la prensa internacional. Hoy mandatarios extranjeros que se apresuraron a reconocer a Peña Nieto se ven exhibidos por esos medios. Cayeron estos mandatarios víctimas de la operación montada por Josefina Vázquez, Gabriel Quadri, Leonardo Valdés, presidente del IFE, y Felipe Calderón. Creo que ella solo es una mensa que,  en los hechos, se hace cómplice del gran fraude, los otros sí son concientes.
 
Haciendo caso omiso de las denuncias y con un margen ínfimo de votos contados, estos personajes, con el apoyo de la tv, dieron por buenas las elecciones y por ganador a Peña Nieto. De inmediato comenzaron a circular las acusaciones y amenazas; las burlas y descalificaciones contra López Obrador y contra los que lo apoyamos.

“No sabe aceptar la derrota”. “Otra vez se plantará en Reforma”, comenzó a escucharse en radio y tv, mientras el tono histérico de los “analistas” iba en ascenso.

Olvidan quienes se burlan o condenan la resistencia a la imposición que impugnar las elecciones es un derecho y que, habida cuenta de las irregularidades registradas, es un deber ciudadano.

La derrota no la ha sufrido López Obrador

Los derrotados hemos sido todos nosotros, hayamos votado por él o no. La derrotada es, otra vez, la democracia mexicana. Se han burlado de nuevo de nosotros esos que durante décadas hicieron del fraude y la corrupción el sello distintivo de la “democracia” en nuestro país. No sólo el PRI, por lo tanto

Al pasado nos encaminamos desde la misma campaña electoral y en el pasado nos instalamos cuando miles de ciudadanos fueron coaccionados, chantajeados, comprados. No miles, varios millones, no menos de 20.

En el pasado comenzamos a vivir cuando periódicos y canales de tv hicieron de las encuestas un instrumento para torcer la voluntad ciudadana, creando la percepción de que la elección estaba decidida, ¿para qué ibas a votar entonces?

Con una disculpa quieren hoy medios y encuestadoras cerrar el caso. Como si no hubieran metido las manos en el proceso electoral; como si no tuvieran que dar cuenta de sus actos.

Se le ha robado, a esos que se vendieron, su dignidad. Aprovechándose de la miseria, por unos pesos, doblegaron su voluntad; los humillaron. También nosotros fuimos humillados. También nuestra dignidad ha sido pisoteada.

Callar, en estas condiciones, es conceder y conceder es traicionar.

Nunca llamé, nunca llamaré “presidente” a Felipe Calderón. Tampoco puedo hacerlo con aquel que, como Peña Nieto, pasando encima de la ley, atropellándonos, quiera sentarse en la silla.

No debe ser la tv, no debe ser el dinero el que decida quién habrá de gobernarnos. Solo con los votos mayoritarios; libremente emitidos, escrupulosamente contados, puede alguien acceder al poder.

No podemos, so pena de perdernos, de hacernos cómplices de un crimen de lesa democracia, permitir la imposición sin pelear, dentro del marco legal y de forma pacífica, con denuedo y determinación.

Nos lo debemos. Se lo debemos a nuestros hijos. A este país ensangrentado y roto que debemos rescatar y cuya democracia debemos construir.




1.       Las cifras de los contratos suscritos en el último semestre antes de la elección están plenamente documentado, con montos, IVA y las licitaciones y adjudicaciones que se hicieron por gobiernos priístas de una decena de estados y muy sospechosamente todos con SORIANA por casi DOS MIL TRESCIENTOS millones de pesos en “monederos electrónicos” para compra de despensas de víveres, si suponemos mil por cada voto, bien alcanzan solo esas para más de dos millones de votos. ·3 mil de ellos tapizaban las paredes donde daba AMLO conferencia denunciándolo.

2.       El PAN acreditó días antes de la elección, unas DIEZ mil más a cargo de banca MONEX por un monto de 70 millones de pesos, que denunció ante la PGR y el IFE, quienes VERIFICARON el hecho pero  como en ese caso “no era para comprar o coaccionar” DIRECTAMNETE el voto, sino como “compensaciones” a funcionarios de casilla y “promotores” del voto priístas, el IFE no hizo más que reconocer el hecho. Esas tarjetas de débito o” monederos” naturalmente no están a nombre del PRI, sino de la CTM o de otras entelequias de fachada de esos gobiernos del PRI.

3.       Si bien la ley electoral, en un cochupo reciente quitó la posible anulación de una elección ya sea por sobrepasar topes de los fondos de campaña o ni siquiera por las otras varias ostensibles violaciones a la norma electoral, la Constitución, ley suprema, en su artículo 41 estipula el LIBRE ejercicio del voto, sin COACCIÓN ni menos su compra, para la validez de la elección. Por lo  que la flagrante violación de la máxima ley que nos rige, SI ES CAUSAL DE NULIDAD.  Duélale a quien le duela, DEBEMOS EXIGIR LA ANULACIÓN. Sobre todo, si nos cuestan tan caras las elecciones y luego mantener a tantos corruptos en sus puestos, ¿Cómo aceptar un fraude no solo a nuestro dinero, sino en nuestras esperanzas y el futuro de nuestros hijos y la Patria?

4.       Por si fuera poco ¿vamos a aceptar la imposición de los dueños del dinero y el poder corrupto de un presidente de telenovela –así le llamó Drer Spiegel- farsante ignorante, corrupto y represor -le dicen guapito- solo para algo más que únicamente proteger sus intereses, y que siga entregando nuestros más preciados bienes, vendiendo la Patria a pedazos y enajenando el provenir?

5.       Si los sonzos panistas se conforman con esperar al fallo “legal” de la elección aunque después, dicen, pueden cuestionar y hasta “denunciar” –a buena hora- la ilegitimidad de esta burda farsa legaloide, y si muchos otros pobres mexicanos, literalmente muertos de hambre, no solo aceptan el fraude sino que también literalmente, se tendrán que tragar las migajas miserables por las que vendieron su alma al diablo tricolor con su mísero voto, ¿hemos nosotros, “los que sí pensamos”, los que nuestra pobreza económica no es tanta como para comprar nuestra conciencia con unos kilos de despensa o de amedrentarnos con “petates del muerto” ni menos somos de la clientela de TELEVISA (que la mente te idiotiza) ni de la de AZTECA (que de caca te la retaca) –según la cruda consigna escuchada en las multitudinarias marchas de los jóvenes-, vamos nosotros sí a tragarnos  este masacote y cargar con la vergüenza histórica y moral de no haber hecho nada

6.      Ya con todo esto, sería materia suficiente para cancelar sólamente la elección pero la ley electoral dice lo siguiente: sólo se puede anular la elección presidencial si los votos comprados son por una cantidad igual o mayor que la diferencia entre el primer y el segundo lugar. Igualmente, sólo si

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